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Sostenido por la hoja

Imprimo retratos sobre hojas de hosta. La clorofila y el sol se toman su tiempo. La hoja no es una superficie: es un testigo. Nervaduras, pequeñas cicatrices, el clima; todo entra en el rostro.

Hora tras hora, la luz insiste sin tocar, y el retrato llega cambiado, apenas sostenido. Lo que queda es frágil, imperfecto y extrañamente íntimo, como si la hoja guardara un secreto.