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Presencia incierta

Durante el confinamiento, el tiempo se sintió fracturado. Coloqué retratos ya fotografiados; rostros, materia; sobre papel de gelatina de plata vencido y los dejé expuestos a los elementos. Los rostros se manchan, se quiebran, se descomponen. Manchas y fragmentos guardan el rastro de esos dos años de incertidumbre: imágenes construidas desde la desaparición. En esa transformación, la posibilidad se vuelve presencia.